Ejercicio de estilística: La anécdota
Nombre: Rene Magallón
Mat: 1130804
Título de la anécdota: Una tarde de hambre
Una tarde de mi
niñez, miércoles de 1998, estábamos en casa Papa, mama y mis tres hermanos;
solamente con lo que habíamos desayunado aquella mañana. El reloj marcaba las
cinco de la tarde, los rugidos de nuestros estómagos parecían como leones
rugientes buscando que devorar.
Mi padre en ese
instante tomo un machete camino a la montaña, allí había una finca abandonada
de hace mucho tiempo atrás, recordando mi Padre que allí había visto un tallo con unos
guineo flacos pero con suficiente carne para calmar el hambre.
Al poco tiempo llego
mi padre bajando con entusiasmo la racima de guineo que colgaba de sus hombros.
Mi madre tomo
aquellos guineo… enseguida los preparo, como milagro del cielo felices y
contentos alabado sea Dios, aun en los momentos difíciles siempre tiene una
solución.
Amplificación de la
anécdota:
Estaba en casa una
tarde junto a mis padres y mis tres hermanos,
¡Mama!... dijo mi
hermano el más pequeño: ¿cuánto falta para que podamos comer, ya tengo mucha
hambre?
Mi Madre mirando a
Papá, buscando una respuesta entre su mirada… en ese mismo instante… Papa dijo,
¿dónde está el machete, iré a la finca que está abandonada, allí vi un racimo
de guineo, deben estar flacos pero es mejor que acostarnos con hambre.
Salió mi padre
aquella tarde silbando y con su machete en la mano; yo miraba desde mi casa
aquel hombre con el estómago vacío se alejaba de allí entre silbido y un canto.
Rene… mi mama me está
llamando, corrí al cuarto donde estaba ella… ¡hecha agua en aquella olla y
ponla en la estufa, cuando tu padre regrese podamos tener todo listo para
preparar la comida!
Pasaron algunos
minutos y de regreso estaba aquel hombre con un rostro de felicidad, en sus
hombros carga aquel racimo de guineo.
¡Papa!... pregunte
yo… porque sonríes y cantas con estos guineos flacos... hijo mío,” frente a
toda adversidad no hay justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”
Síntesis de la anécdota:
Hay un refrán que
dice: “Dios aprieta pero no ahorca”
Fueron momentos
difíciles que pasamos como familia, cuando no había nada que comer. Mis
hermanos no les importaba solo en sus mentes pequeñas sabían que tenían que
comer, mis padres aquella tarde solucionaron milagrosamente porque Dios estaba
allí. Mi valiente Padre entre montes fue a buscar ese guineo para que su
familia no se acostara con hambre y así consiguió alimentarnos un día más.
Hoy recuerdo aquellos
momentos y siento gran admiración por mi Padre, doy gracias a Dios porque él es
bueno todo el tiempo.
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