lunes, 26 de mayo de 2014

Ejercicio de estilística: La anécdota "Una tarde de hambre"


Ejercicio de estilística: La anécdota

      Nombre: Rene Magallón                                                 Mat: 1130804

Título de la anécdota: Una tarde de hambre


Una tarde de mi niñez, miércoles de 1998, estábamos en casa Papa, mama y mis tres hermanos; solamente con lo que habíamos desayunado aquella mañana. El reloj marcaba las cinco de la tarde, los rugidos de nuestros estómagos parecían como leones rugientes buscando que devorar.
Mi padre en ese instante tomo un machete camino a la montaña, allí había una finca abandonada de hace mucho tiempo atrás, recordando mi Padre que allí había visto un tallo con unos guineo flacos pero con suficiente carne para calmar el hambre.
Al poco tiempo llego mi padre bajando con entusiasmo la racima de guineo que colgaba de sus hombros.
Mi madre tomo aquellos guineo… enseguida los preparo, como milagro del cielo felices y contentos alabado sea Dios, aun en los momentos difíciles siempre tiene una solución.





Amplificación de la anécdota:
Estaba en casa una tarde junto a mis padres y mis tres hermanos,
¡Mama!... dijo mi hermano el más pequeño: ¿cuánto falta para que podamos comer, ya tengo mucha hambre?
Mi Madre mirando a Papá, buscando una respuesta entre su mirada… en ese mismo instante… Papa dijo, ¿dónde está el machete, iré a la finca que está abandonada, allí vi un racimo de guineo, deben estar flacos pero es mejor que acostarnos con hambre.
Salió mi padre aquella tarde silbando y con su machete en la mano; yo miraba desde mi casa aquel hombre con el estómago vacío se alejaba de allí entre silbido y un canto.
Rene… mi mama me está llamando, corrí al cuarto donde estaba ella… ¡hecha agua en aquella olla y ponla en la estufa, cuando tu padre regrese podamos tener todo listo para preparar la comida!
Pasaron algunos minutos y de regreso estaba aquel hombre con un rostro de felicidad, en sus hombros carga aquel racimo de guineo.
¡Papa!... pregunte yo… porque sonríes y cantas con estos guineos flacos... hijo mío,” frente a toda adversidad no hay justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”





Síntesis de la anécdota:
Hay un refrán que dice: “Dios aprieta pero no ahorca”
Fueron momentos difíciles que pasamos como familia, cuando no había nada que comer. Mis hermanos no les importaba solo en sus mentes pequeñas sabían que tenían que comer, mis padres aquella tarde solucionaron milagrosamente porque Dios estaba allí. Mi valiente Padre entre montes fue a buscar ese guineo para que su familia no se acostara con hambre y así consiguió alimentarnos un día más.
Hoy recuerdo aquellos momentos y siento gran admiración por mi Padre, doy gracias a Dios porque él es bueno todo el tiempo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario