lunes, 9 de junio de 2014

REFRÁN: “Quien siembra vientos recoge tempestades”. ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA

REFRÁN: “Quien siembra vientos recoge tempestades”.

La mayoría de las personas conoce una infinidad de variedad de semillas que al ser depositadas en el suelo y encontrar las condiciones necesarias, germina, crece y produce frutos. Sin embargo, de acuerdo con las leyes de la naturaleza y especialmente de aquellas que rigen la siembra y la cosecha, es imposible que podamos hacer una siembra literal de vientos y tener una cosecha literal de torbellinos o tempestades.
Este lenguaje es cien por ciento metafórico y enseña lecciones objetivas que nos ayudan a reflexionar sobre la vida, a pensar antes de actuar, a tomar las mejores decisiones y a normar nuestra conducta de acuerdo con principios sanos para no tener que lamentarnos en el futuro.
La expresión popular “quien siembra vientos recoge tempestades” se usa en nuestro idioma  español para dar a entender que somos los únicos responsables de nuestra conducta y de nuestros actos. Esta frase procede de la Biblia, exactamente del profeta menor Oseas, quien profetizó en el reino del norte, llamado también Israel o Efraín. El pasaje exactamente reza así: “Porque sembraron viento, torbellino segarán”[1]. El contexto de estas palabras se ubica en el marco de las profecías del Antiguo Testamento concerniente al gran “día de Jehová”. El tema de la profecía es el castigo de Dios por las infidelidades e idolatrías del pueblo hebreo. Dios, mediante su siervo Oseas predice la destrucción del reino de Israel y la dispersión de sus habitantes. “La cosecha es siempre el resultado seguro de la siembra.  La idolatría de Israel sólo podía tener un resultado: el castigo divino. El viento simboliza lo inútil y vano de la conducta idólatra de Israel, el torbellino de la segura destrucción. Cualquier cosa que se convierta en nuestro ídolo, todo lo que quite a Dios del lugar a que tiene derecho en el corazón, con toda seguridad nos dará una cosecha de remordimiento y angustia.  Recibiremos el pago con la dura moneda de nuestro propio cuño moral y espiritual”[2].
La realidad del mundo natural es dura y cruel. Dependiendo del fruto que se siembre, así será la cosecha: si sembramos trigo o maíz obtendremos una excelente siega, pero si por el contrario sembramos cizaña o cualquier otra planta perjudicial, cosecharemos espinos, cardos o hierbas venenosas. Así también ocurre en la vida, quien “siembra vientos, cosecha tempestades”. Y bien se ha dicho con acierto: “De aquellos polvos, vinieron estos lodos”. Esto está en armonía con las labores agrícolas, porque después de una siembra nociva, el producto de la siega es amargo y cruel.
Dicen que la vida, antes o después, pone a cada uno en su lugar, así que, si se hacen cosas malas durante la vida de uno, probablemente antes o después la vida sea mala con él. Si siempre hacemos daño o perjudicamos a los que nos rodean, el día que les necesitemos no harán nada por ayudarnos, y si llevamos una mala vida, pues terminaremos mal.
Por si alguien tiene alguna duda, sembrar es arrojar y esparcir las semillas en la tierra preparada para cultivar algo y en este caso, usamos la metáfora de sembrar como si cada una de las acciones que hacemos a lo largo de nuestra vida fuesen semillas que vamos cultivando en nuestro campo y las situaciones que nos vamos encontrando posteriormente fuesen las cosechas que cada año se producen”[3].
El refrán “quien siembra vientos recoge tempestades” también significa que los malos comportamientos siempre producen resultados negativos. La frase alude a las consecuencias de nuestros actos. Cuando la semilla sembrada es viento, la cosecha será fracaso, inutilidad y hasta destrucción, porque una semilla de esa índole no dará mies, y una espiga tal es imposible que produzca harina. Por lo tanto se advierte de las terribles consecuencias que puede acarrear realizar malas acciones.
Hay un dicho popular que dice que “ají no pare tomate” y está estrechamente vinculado también con las leyes de la naturaleza. No podemos sembrar naranjas para cosechar mangos, como tampoco podemos sembrar guineo para recoger limones. Quienes siembran una semilla esperando recoger una cosecha de especies diferentes al fruto que sembró, está tratando lo imposible, porque las leyes de la naturaleza son inalterables y difícilmente podrían ser trastocadas de esa manera.
Siguiendo esta línea de pensamiento, el apóstol Pablo escribió: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”[4]. Este principio es ineludible y  tan cierto en el reino espiritual y en las relaciones sociales como en el mundo físico.  Es una ley inmutable, inmodificable, que los seres se reproduzcan según su género de cuerdo con la Biblia[5]. Porque dependiendo de lo que sembremos, así será la cosecha que recojamos y debemos recordar siempre que “la avaricia rompe el saco.
El que siembra “excesos en su juventud”, que vive una vida laxa, desenfrenada y sin restricciones, no puede esperar una abundante cosecha de buena salud en su vejez. Durante la adolescencia y la juventud hacemos la siembra y en la senectud recogemos la cosecha. Si fue una siembra buena tendremos una cosecha de buena salud, paz, contentamiento y satisfacción. No obstante, si la siembra fue mala recibiremos los amargos frutos de achaques, enfermedades, dolor por no haber cumplido con el deber, pesares y la molestia de una conciencia culpable por no haberse conducido mejor.
El resultado de una siembra infructuosa se puede evidenciar en la poesía de Romero: “En su juventud gastó su salud buscando dinero. En su senectud gastó su dinero buscando salud. Ya sin dinero, y ya sin salud, ¡ahí va Romero, en un ataúd!” Si no sembramos semillas de austeridad, de dominio propio y de otras virtudes, estaremos condenados a sufrir las consecuencias nefastas de nuestro curso de acción.
El refrán “quien siembra vientos recoge tempestades” también acusa a quienes por su acción o su inacción causan consecuencias de las que luego se quejan o se lamentan; así también puede aplicarse a quien crea discordias que acaban en grandes discusiones o conflictos. De igual manera, este dicho nos indica que el que se porta mal con los demás obtiene de ellos odios y malas voluntades.
También se destaca el hecho de que toda acción lleva consigo un efecto. Si nos comportamos mal, pagaremos las consecuencias y al final reconoceremos como el joven que recibió como regalo de su vecino el terreno que él mismo había plagado por venganza con una especie de cizaña casi imposible de desarraigar: “Estoy cosechando lo que sembré”.
Por último, el refrán en mención nos habla de la siembra del carácter para la vida y la eternidad. Reade Charles afirma: “Siembra un pensamiento y cosecharás un acto, siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino”. El carácter nace de la semilla y dependiendo de esta siembra así será nuestro destino eterno. El fruto revela el carácter y el carácter definirá nuestro destino eterno.
De acuerdo con todo lo anterior podemos concluir que la vida es como el espejo: sólo nos da lo que le damos. El espejo no muestra sino la imagen que se le proporciona, de igual manera no podemos recibir de la vida lo que no le hemos dado. Es por ese motivo que antes de hablar y de actuar debemos reflexionar sobre las consecuencias que tendrán nuestras palabras y nuestros actos. Si así lo hacemos no tendremos por qué lamentarnos en un futuro.
Se requiere que poseamos dominio propio y seamos dueños de nosotros mismos. El actuar demasiado rápido sin reflexión, las manifestaciones de ira irracional y la pérdida del dominio de nosotros mismos, pueden ser fatales a la hora de tomar decisiones, de expresarnos o de ejecutar nuestros actos. Por eso Salomón aconseja: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad”[6]. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”[7].
La regla de oro enseña: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”[8]. Confucio la resumió de la siguiente manera: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Si observamos la regla de oro que enseñó Jesús, no tendremos que afrontar consecuencias terribles y amargas.
La vida es fácil, amena y agradable cuando tratamos a los demás con aprecio y consideración. Es una de las mejores siembras que podemos hacer. Pero si somos crueles, soberbios e implacables, tendremos que recoger el fruto de una cosecha funesta de desgracia y dolor.





[1] Oseas 8:7.
[2] Comentario Bíblico Adventista, tomo 4, “Comentario Sobre Oseas 8:7”.
[3] http://erasmusv.wordpress.com/2007/05/24/quien-siembra-vientos-recoge-tempestades/
[4] Gálatas 6:7.
[5] Génesis 1:12.
[6] Proverbios 14:29.
[7] Proverbios 16:32.
[8] Mateo 7:12.

viernes, 6 de junio de 2014

Comunicación Oral y Escrita (Ejercicios de Estilística: La Fábula) ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA

FÁBULA
LA ZORRA A LA QUE SE LE LLENÓ SU VIENTRE
Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos
pedazos de carne y de pan que unos pastores habían dejado
escondidos en una cavidad. Y entrando en dicha cavidad, se los comió todos.

Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir.
Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído.
Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le
acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de lo
acaecido, le dijo:

̶  ¡Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas
a tener la forma en que estabas, entonces de seguro
podrás salir fácilmente sin problema![1]

                      Esopo
AMPLIACIÓN
Una zorra hambrienta de aspecto fornido y joven buscaba en el campo alguna presa que devorar, cuando de repente se encontró en el tronco de una encina unos pedazos de carne y de pan frescos, los cuales se veían muy apetitosos y suculentos. Hacía una hora que unos pastores que andaban por aquel lugar habían dejado escondidos estos alimentos en una cavidad mientras realizaban sus labores en los rebaños.

“¡Es un verdadero milagro!”  ̶  exclamó la zorra al ver la comida cuidadosamente guardada en el lugar, “he encontrado comida fácil, suculenta y abundante”. Luego, entró en aquella cavidad y se dio un exquisito  banquete, se comió todos los pedazos de carne y pan sin dejar absolutamente nada.

Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir. Fue prisionera de su vientre y esclava de su intemperancia, pues como se dice popularmente, “se le llenó primero el ojo” y no midió las consecuencias de consumir tanto alimento en un instante. Aquella hartura de pan y carne le trajeron un terrible problema. Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído. Jamás pensó que la ambición de llenar su vientre la llevaría a afrontar esta difícil situación. Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le acercó y le preguntó qué le ocurría. Cuando se enteró de lo acaecido, le dijo:

̶  ¡Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir fácilmente sin problema!

SÍNTESIS
Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos pedazos de carne y de pan que unos pastores habían dejado escondidos. Se comió todos los pedazos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir. Empezó a gemir y a lamentarse. Por casualidad pasó por allí otra zorra, y  le preguntó qué le ocurría.
Cuando se enteró de lo acaecido, le dijo:
̶  ¡Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir!




[1] Esopo, Fábulas Clásicas  ̶  Fábulas de Esopo, pág. 21. 

Comunicación Oral y Escrita (Ejercicios de Estilística: La Anécdota) ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA


ANÉCDOTA


                                      ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA


Era la noche del día miércoles 10 de marzo de 1997 en la localidad de Centoalegre Bolívar, jurisdicción de El Carmen de Bolívar. La iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos, conté la ilustración de Morris Venden que aparece en su obra Cómo Conocer a Dios en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana. De manera que no tenemos que ir por la vida con la cabeza baja; podemos permanecer derechos y erguidos, por el valor adjudicado a nosotros por Jesucristo”[1].
Una de las visitas que asistía al culto le quedó sonando en la mente la idea del peso gigantesco de la  tierra. Al día siguiente que llegamos a su casa para conversar con él y proponerle los estudios bíblicos, nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[2] en la que la pusieron!”. No pudimos aguantar la risa y disfrutamos un poco de aquella reflexión pueril e inocente de alguien que se había tomado en serio un cálculo científico y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.
AMPLIACIÓN
Era la noche del día miércoles 10 de marzo de 1997, el cielo tachonado de estrellas y la luminosidad de la luna, hacían claro el camino rural desde nuestra casa a la iglesia. Mi familia y yo, vivíamos en la localidad de Centoalegre Bolívar, jurisdicción de El Carmen de Bolívar. Esa noche, como de costumbre, fuimos a culto. La iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio, y mi nombre aparecía en la lista de predicación para esa noche. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos y el valor que tiene un alma para los ojos del Salvador, conté la ilustración del pastor Morris Venden que aparece en su obra Cómo Conocer a Dios en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana. De manera que no tenemos que ir por la vida con la cabeza baja; podemos permanecer derechos y erguidos, por el valor adjudicado a nosotros por Jesucristo”[3].
Esa noche puntualizamos cuánto Dios nos ama y enfatizamos la valía personal atribuida a los hombres y mujeres a la luz del Calvario. El oro y la plata de este mundo se hunden en la insignificancia al compararlos con el gran tesoro del Calvario donde se pagó el más alto precio por el pecador.
Una de las visitas que asistía al culto le quedó sonando en la mente la idea del gigantesco peso de la tierra, un cálculo científico aproximado. Al día siguiente que llegamos a su casa para orar con él y proponerle los estudios bíblicos, nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo exacto de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[4] en la que la pusieron!”. No pudimos aguantar la risa y disfrutamos un poco de aquella reflexión pueril e inocente de alguien que se había tomado en serio un cálculo científico y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.
SÍNTESIS
El 10 de marzo de 1997 en Centoalegre, la iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos, conté la ilustración de Morris Venden que aparece en uno de sus libros en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana”[5].
A una de las visitas le quedó sonando en la mente la idea de que la tierra tiene un peso tal. Al día siguiente que llegamos a su casa nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[6] en la que la pusieron!”. Todos nos reímos de la inocentada de aquel amigo que se había tomado en serio un cálculo aproximado y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.




[1] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[2] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo.
[3] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[4] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilón o peso constante que se hace correr sobre el brazo mayor, donde se halla trazada la escala de los pesos.
[5] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[6] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo.

lunes, 26 de mayo de 2014

Ejercicio de estilística: La anécdota "Una tarde de hambre"


Ejercicio de estilística: La anécdota

      Nombre: Rene Magallón                                                 Mat: 1130804

Título de la anécdota: Una tarde de hambre


Una tarde de mi niñez, miércoles de 1998, estábamos en casa Papa, mama y mis tres hermanos; solamente con lo que habíamos desayunado aquella mañana. El reloj marcaba las cinco de la tarde, los rugidos de nuestros estómagos parecían como leones rugientes buscando que devorar.
Mi padre en ese instante tomo un machete camino a la montaña, allí había una finca abandonada de hace mucho tiempo atrás, recordando mi Padre que allí había visto un tallo con unos guineo flacos pero con suficiente carne para calmar el hambre.
Al poco tiempo llego mi padre bajando con entusiasmo la racima de guineo que colgaba de sus hombros.
Mi madre tomo aquellos guineo… enseguida los preparo, como milagro del cielo felices y contentos alabado sea Dios, aun en los momentos difíciles siempre tiene una solución.





Amplificación de la anécdota:
Estaba en casa una tarde junto a mis padres y mis tres hermanos,
¡Mama!... dijo mi hermano el más pequeño: ¿cuánto falta para que podamos comer, ya tengo mucha hambre?
Mi Madre mirando a Papá, buscando una respuesta entre su mirada… en ese mismo instante… Papa dijo, ¿dónde está el machete, iré a la finca que está abandonada, allí vi un racimo de guineo, deben estar flacos pero es mejor que acostarnos con hambre.
Salió mi padre aquella tarde silbando y con su machete en la mano; yo miraba desde mi casa aquel hombre con el estómago vacío se alejaba de allí entre silbido y un canto.
Rene… mi mama me está llamando, corrí al cuarto donde estaba ella… ¡hecha agua en aquella olla y ponla en la estufa, cuando tu padre regrese podamos tener todo listo para preparar la comida!
Pasaron algunos minutos y de regreso estaba aquel hombre con un rostro de felicidad, en sus hombros carga aquel racimo de guineo.
¡Papa!... pregunte yo… porque sonríes y cantas con estos guineos flacos... hijo mío,” frente a toda adversidad no hay justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”





Síntesis de la anécdota:
Hay un refrán que dice: “Dios aprieta pero no ahorca”
Fueron momentos difíciles que pasamos como familia, cuando no había nada que comer. Mis hermanos no les importaba solo en sus mentes pequeñas sabían que tenían que comer, mis padres aquella tarde solucionaron milagrosamente porque Dios estaba allí. Mi valiente Padre entre montes fue a buscar ese guineo para que su familia no se acostara con hambre y así consiguió alimentarnos un día más.
Hoy recuerdo aquellos momentos y siento gran admiración por mi Padre, doy gracias a Dios porque él es bueno todo el tiempo.





Ejercicio de estilística: La fábula "El gusano de seda y la araña"


                    Ejercicio de estilística: La fábula

             Nombre: Rene Magallón                                                 Mat: 1130804
Fábula asignada: El gusano de seda y la araña

El gusano de seda y la araña
Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa
muy propia de su orgullo:
¿Qué dice de mi tela el señor gusano?.
Esta mañana la empecé muy temprano,
y ya estará acabada al mediodía.
Mire qué sutil es, mire qué bella….
el gusano con sorna respondía:
usted tiene razón: así sale ella.



Amplificación de la fábula:
Había una vez un gran gusano,
Que Trabajaba con esmero para terminar su capullo,
Trabajare cuidadosamente para que sea el mejor capullo… decía el gusano.

Una araña lo observaba
Y en su mente decía: que pereza con este gusano,
Lleva horas y horas trabajando ni siquiera ha terminado.
Yo empecé esta mañana y ya estoy terminando.

La araña con arrogancia a prisa le pregunta:..
¿Qué te dices de mi tela señor gusano?
Sutilmente el gusano le responde;… muy bonita le está quedando.
La araña orgullosa de su trabajo… voy a terminar rápido y ganarle al gusano, las arañas si sabemos hacer buenos trabajos.


Aquel gusano continúa trabajando,
a pesar de la risa y burlas de la araña en el árbol cantando.
Mi madre siempre decía, pensaba el Gusano: “El triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse.” Napoleón Bonaparte
Así que seguiré trabajando duro, a pesar de los comentarios de esa araña,
No me desanimare y seguiré adelante.

La síntesis:
El gusano trabajaba muy fuerte, quería tener un buen capullo,
La araña orgullosa se burlaba de la forma de trabajar, era demasiado lento.
Y se la pasaba toda la mañana alardeando, pues ella en poco tiempo, estaba terminando su tela.
Y no conforme a esto, le preguntaba al gusano, ¿qué te parece mi tela?
Es necesario que evaluemos la calidad de la obra y no el tiempo que nos ha costado realizarla.


                       La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.
Ralph Waldo Emerson



Bibliografía MLA


La ficha bibliográfica es: 
Fabula de D. Tomás de Iriarte. "El Gusano de seda y la Araña. "http://www.maxtor.es/. . http://www.maxtor.es/. 25 de Mayo de 2014 http://www.zyberchema.net/Fabulas/fab02.html.

La ficha bibliográfica es: 
Napoleón Bonaparte. "Frases de motivación laboral. "http://coyunturaeconomica.com/. . http://coyunturaeconomica.com/. 25 de Mayo de 2014 http://coyunturaeconomica.com/herramientas/frases-de-motivacion.




viernes, 23 de mayo de 2014

REFRÁN: “Ahogarse en un vaso de agua”. Armando Enrique Marriaga


REFRÁN: “Ahogarse en un vaso de agua”.

Quizá hemos escuchado noticias acerca de personas que se han ahogado en el mar, en un río, en un lago, en una quebrada o en una tina con capacidad para suficiente agua; pero no conocemos informes de personas que hayan perdido la vida ahogadas en un vaso de agua.
Este refrán que aparentemente es sencillo y simple, contiene una connotación de gran valor y un cúmulo de lecciones que nos ayudan a hacerle frente a la vida con confianza, esperanza, seguridad y optimismo.
“Ahogarse en un vaso de agua” es una metáfora que se aplica a aquellas personas que exageran las dimensiones de un problema y que no pueden ver la salida para una posible solución. Por eso, ahogarse en un vaso de agua  “es amilanarse, apurarse, afligirse, abatirse o desalentarse enseguida”[1], sin luchar, sin deseos de afrontar con optimismo las circunstancias adversas que la mayoría de las veces, no son tan grandes y descomunales como parecen.
Este refrán es considerado por muchos “una expresión exagerada, hiperbólica, para reflejar a las personas que son incapaces de solventar problemas, incluso aunque sean sencillos. Se ahogan en un vaso de agua aquellos que se agobian en el día a día, que lanzan expresiones de fastidio por tener que hacer dos cosas a la vez o tomar una decisión, o bien no sacan adelante sus labores habituales”[2].
El mundo está lleno hoy de esas personas que sucumben a la menor adversidad y viven en el valle de la mediocridad por su falta de voluntad, por sus miedos y temores. Quienes miran demasiado el problema y se concentran en él, lo magnifican y en su imaginación lo tornan en invencible tal como una montaña elevada y demasiado empinada para ser escalada. Esta postura incorrecta ante los problemas diminutos de la vida nos impide ver las múltiples alternativas y reflexionar sobre las posibles soluciones.  
Quien desiste de su empeño ante la primera dificultad, quien tira la toalla enseguida, quien se rinde cuando le supera cualquier situación adversa o negativa, manifiesta cobardía y un espíritu de escepticismo y desgano. Sin embargo, el optimista ve mucho más allá del tamaño del problema para concentrarse en su correspondiente solución. Sabe que de alguna manera saldrá airoso y que no hay nada que pueda hacerle desistir de su propósito.
Se ha comprobado que “existen personas que se preocupan por todo porque dan demasiadas vueltas a la cabeza y hacen una montaña de un grano de arena”[3]. Es decir, por cualquier problema por muy pequeño que sea le dan demasiada importancia, se complican la vida con algo que no es para tanto.
Es cierto que si te acostumbras a ver un problema que tienes como demasiado difícil o complicado cuando en realidad no lo es, te estás cerrando a cualquier posibilidad de solución, y pensar que un problema pequeño es muy difícil de resolver en realidad es “ahogarse en un vaso de agua”.
Esta actitud negativa ante los problemas más pequeños puede descalificar a una persona para triunfar en la vida. Porque significa que no eres capaz de afrontar con valentía los retos que te pone la vida delante y te agobias mucho y demasiado pronto, cuando te enfrentas a todo tipo de situaciones.
Alguien decía que “sudas la fiebre antes que te dé”, es decir, te preocupas o amilanas antes de afrontar pequeños retos. Si queremos alcanzar nuestras metas o lograr nuestros ideales no podemos estar lamentándonos por algo que no vale la pena, o sufrir por algo que se sabe que tiene su solución. Necesitamos arrostrar con confianza y seguridad cada reto o desafío que la vida nos presenta.
Sólo los valientes y audaces son capaces de hacer frente a cualquier tormenta de la vida. Son aquellos hombres y mujeres de fe y esperanza los llamados a triunfar en un mundo de imposibilidades y dificultades, sin embargo, estos obstáculos son vistos por ellos como posibilidades y peldaños para lograr sus objetivos.
La historia ha demostrado que los grandes hombres hicieron de sus problemas y dificultades, elementos y recursos positivos para alcanzar sus fines y cristalizar sus sueños. Entendieron que los problemas no son como ha veces los pintan: demasiado enormes, sin solución, mayúsculos y descomunales. Por el contrario, han comprendido que sus capacidades, ambiciones y deseos superan toda clase de impedimentos que pudiera atravesarse en su camino.
Bien se ha dicho con acierto que “cuando se quiere, se puede”. En verdad, ha veces las imposibilidades sólo están en la cabeza de quienes piensan negativamente y no ven por ningún lado la motivación y el estímulo para seguir avanzando hasta lograr el triunfo. Quizá esto fue lo que hizo decir a un comunicador de una emisora regional que “la vida es una lucha y el desaliento en ella una cobardía”. Por lo tanto, no te canses de luchar, pelea un round más y resiste con bizarría y valor. Es posible que tu blanco esté a punto de ser alcanzado.
El apóstol San Pablo nunca desistió de su lucha por alcanzar el objetivo supremo, a saber, la vida eterna. A pesar de sus sufrimientos, pruebas y dificultades expresó: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”[4]. Y al joven Timoteo, este héroe de la fe le aconsejó: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado”[5].
Cuando las ganas de triunfar fenecen, cuando desaparece cualquier motivación para hacer las cosas y cuando la fuerza de voluntad, la ambición y el deseo han sido vencidos, no hay esperanza de salir airoso aun de las más leves e insignificantes dificultades y pruebas.
No obstante, cuando el espíritu está robustecido espiritual y emocionalmente y hay ansias y sed de triunfar, podemos ser como el águila que vuela por encima de la tempestad aunque le cueste ser herido o pierda algunas plumas, pero logra su objetivo: volar por encima de la tempestad.
A muchos les falta valor para afrontar los problemas y dificultades que hay detrás de un sueño o de un ideal. Manifiestan inconstancia y son pusilánimes ante las circunstancias, sobre todo cuando estas no son favorables y desmayan bajo el peso de las cargas livianas y leves de la vida.
Nadie que intente alcanzar un objetivo en la vida pensará que lo puede lograr por obra y gracia. No creerá que el camino hacia la posibilidad de triunfo sea expedito y allanado, o que sea demasiado fácil, sin tanto trabajo y esfuerzo. Antes por el contrario, sentirá que debe entregarse a su ideal en cuerpo y alma luchando con valentía y esfuerzo decidido contra los más fuertes y fieros óbices que pueda encontrar.
Además, es cierto que aquello que menos nos cuesta, menos lo valoramos; pero aquello que hemos obtenido con sacrificios, luchas y dificultades, solemos apreciarlo y darle el valor que merece. Aquello que obtenemos con angustias y pesares, es lo que más disfrutamos y guardamos.
Por último, sería bueno que reflexionemos sobre nuestras emociones y sentimientos, porque si estos no son estables y firmes, siempre los problemas y las dificultades leves nos desestabilizarán y perderemos el control reaccionando de maneras equivocadas ante el menor obstáculo o circunstancia adversa. Por lo tanto, nuestros pensamientos deben ser positivos y debemos mantener siempre una actitud optimista y llena de fe.
Pienso que el principio 90/10 descubierto por Stephen Covey es bueno considerarlo y tenerlo en cuenta. Ese principio sostiene que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa y el restante 90% está determinado por lo forma en que reaccionas a eso que pasa. “No podemos evitar que el automóvil se descomponga, que el avión se retrase, que nos sorprenda la lluvia, que un automovilista pueda obstaculizarnos en el tráfico. Lo cual tirará por la borda todo nuestro plan”[6]. En fin, no tenemos control del 10%, pero el otro 90% es diferente: solamente tú lo determinas con tu reacción.
Millones de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos, problemas y dolores de cabeza, la mayoría de las veces imaginarios. Sin embargo, todos podemos entender y debemos aplicar el principio 90/10. Puede cambiar totalmente nuestra vida. Lo único que hace falta es voluntad para darnos el permiso de vivir esta experiencia amena, llena de vida y enriquecedora.
Hoy te puedes estar “ahogando en un vaso de agua” cuando tienes una situación adversa relativamente sencilla, pero por tu manera de pensar o tu estado de alteración emocional te resulta complicado, o incluso imposible de resolver. Por lo tanto, no seas fatalista en la forma en que ves las cosas. Míralas del lado positivo, optimista y con nuevos ojos. Te darás cuenta que no necesitas darte por vencido ante el más pequeño problema. Tu confianza en Dios, tus capacidades, tu inteligencia y tu pericia te ayudarán a sortear las dificultades de la vida y a triunfar por encima de los problemas ya sean estos diminutos o grandes.




[1] http://erasmusv.wordpress.com/2007/11/08/ahogarse-en-un-vaso-de-agua/.
[2] http://hombrerefranero.blogspot.com/2009/02/ahogarse-en-un-vaso-de-agua.html.
[3] http://www.hogarutil.com/salud/bienestar/psico/201301/ahogarte-vaso-agua-18371.html.
[4] Filipenses 3:13, 14.
[5] 1 Timoteo 6:12.
[6] http://www.pensamientos.com.mx/el_principio_9010.htm.