REFRÁN: “Ahogarse en un vaso de agua”.
Quizá hemos escuchado noticias acerca de personas que se han
ahogado en el mar, en un río, en un lago, en una quebrada o en una tina con capacidad
para suficiente agua; pero no conocemos informes de personas que hayan perdido
la vida ahogadas en un vaso de agua.
Este refrán que aparentemente es sencillo y simple, contiene
una connotación de gran valor y un cúmulo de lecciones que nos ayudan a hacerle
frente a la vida con confianza, esperanza, seguridad y optimismo.
“Ahogarse en un vaso de agua” es una metáfora que
se aplica a aquellas personas que exageran las dimensiones de un problema y que
no pueden ver la salida para una posible solución. Por eso, ahogarse en un vaso
de agua “es amilanarse, apurarse, afligirse, abatirse
o desalentarse enseguida”[1],
sin luchar, sin deseos de afrontar con optimismo las circunstancias adversas
que la mayoría de las veces, no son tan grandes y descomunales como parecen.
Este refrán es considerado por muchos “una expresión
exagerada, hiperbólica, para reflejar a las personas que son incapaces de
solventar problemas, incluso aunque sean sencillos. Se ahogan en un vaso de
agua aquellos que se agobian en el día a día, que lanzan expresiones de
fastidio por tener que hacer dos cosas a la vez o tomar una decisión, o bien no
sacan adelante sus labores habituales”[2].
El mundo está lleno hoy de esas personas que
sucumben a la menor adversidad y viven en el valle de la mediocridad por su
falta de voluntad, por sus miedos y temores. Quienes miran demasiado el
problema y se concentran en él, lo magnifican y en su imaginación lo tornan en
invencible tal como una montaña elevada y demasiado empinada para ser escalada.
Esta postura incorrecta ante los problemas diminutos de la vida nos impide ver
las múltiples alternativas y reflexionar sobre las posibles soluciones.
Quien desiste de su empeño ante la primera
dificultad, quien tira la toalla enseguida, quien se rinde cuando le supera
cualquier situación adversa o negativa, manifiesta cobardía y un espíritu de
escepticismo y desgano. Sin embargo, el optimista ve mucho más allá del tamaño
del problema para concentrarse en su correspondiente solución. Sabe que de
alguna manera saldrá airoso y que no hay nada que pueda hacerle desistir de su
propósito.
Se ha comprobado que “existen personas que se preocupan por
todo porque dan demasiadas vueltas a la cabeza y hacen una montaña de un grano
de arena”[3].
Es decir, por cualquier problema
por muy pequeño que sea le dan demasiada importancia, se
complican la vida con algo que no es para
tanto.
Es cierto que si te acostumbras a ver un problema que tienes como
demasiado difícil o complicado cuando en realidad no lo es, te estás cerrando a
cualquier posibilidad de solución, y pensar que un problema pequeño es muy
difícil de resolver en realidad es “ahogarse en un vaso de agua”.
Esta actitud negativa ante los problemas más pequeños puede
descalificar a una persona para triunfar en la vida. Porque significa que no
eres capaz de afrontar con valentía los retos que te pone la vida delante y te
agobias mucho y demasiado pronto, cuando te enfrentas a todo tipo de
situaciones.
Alguien decía que “sudas la fiebre antes que te dé”, es decir, te preocupas o amilanas antes de
afrontar pequeños retos. Si queremos alcanzar nuestras metas o lograr nuestros
ideales no podemos estar lamentándonos por algo que no vale la pena, o
sufrir por algo que se sabe que tiene su solución. Necesitamos arrostrar con
confianza y seguridad cada reto o desafío que la vida nos presenta.
Sólo los valientes y audaces son capaces de hacer frente a
cualquier tormenta de la vida. Son aquellos hombres y mujeres de fe y esperanza
los llamados a triunfar en un mundo de imposibilidades y dificultades, sin
embargo, estos obstáculos son vistos por ellos como posibilidades y peldaños
para lograr sus objetivos.
La historia ha demostrado que los grandes hombres hicieron de
sus problemas y dificultades, elementos y recursos positivos para alcanzar sus
fines y cristalizar sus sueños. Entendieron que los problemas no son como ha
veces los pintan: demasiado enormes, sin solución, mayúsculos y descomunales.
Por el contrario, han comprendido que sus capacidades, ambiciones y deseos
superan toda clase de impedimentos que pudiera atravesarse en su camino.
Bien se ha dicho con acierto que “cuando se quiere, se
puede”. En verdad, ha veces las imposibilidades sólo están en la cabeza de
quienes piensan negativamente y no ven por ningún lado la motivación y el
estímulo para seguir avanzando hasta lograr el triunfo. Quizá esto fue lo que
hizo decir a un comunicador de una emisora regional que “la vida es una lucha y
el desaliento en ella una cobardía”. Por lo tanto, no te canses de luchar,
pelea un round más y resiste con bizarría y valor. Es posible que tu blanco
esté a punto de ser alcanzado.
El apóstol San Pablo nunca desistió de su lucha por alcanzar
el objetivo supremo, a saber, la vida eterna. A pesar de sus sufrimientos,
pruebas y dificultades expresó: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús”[4].
Y al joven Timoteo, este héroe de la fe le aconsejó: “Pelea la buena batalla de
la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado”[5].
Cuando las ganas de triunfar fenecen, cuando desaparece
cualquier motivación para hacer las cosas y cuando la fuerza de voluntad, la
ambición y el deseo han sido vencidos, no hay esperanza de salir airoso aun de
las más leves e insignificantes dificultades y pruebas.
No obstante, cuando el espíritu está robustecido espiritual y
emocionalmente y hay ansias y sed de triunfar, podemos ser como el águila que
vuela por encima de la tempestad aunque le cueste ser herido o pierda algunas
plumas, pero logra su objetivo: volar por encima de la tempestad.
A muchos les falta valor para afrontar los problemas y
dificultades que hay detrás de un sueño o de un ideal. Manifiestan inconstancia
y son pusilánimes ante las circunstancias, sobre todo cuando estas no son
favorables y desmayan bajo el peso de las cargas livianas y leves de la vida.
Nadie que intente alcanzar un objetivo en la vida pensará que
lo puede lograr por obra y gracia. No creerá que el camino hacia la posibilidad
de triunfo sea expedito y allanado, o que sea demasiado fácil, sin tanto
trabajo y esfuerzo. Antes por el contrario, sentirá que debe entregarse a su
ideal en cuerpo y alma luchando con valentía y esfuerzo decidido contra los más
fuertes y fieros óbices que pueda encontrar.
Además, es cierto que aquello que menos nos cuesta, menos lo
valoramos; pero aquello que hemos obtenido con sacrificios, luchas y dificultades,
solemos apreciarlo y darle el valor que merece. Aquello que obtenemos con
angustias y pesares, es lo que más disfrutamos y guardamos.
Por último, sería bueno que reflexionemos sobre nuestras
emociones y sentimientos, porque si estos no son estables y firmes, siempre los
problemas y las dificultades leves nos desestabilizarán y perderemos el control
reaccionando de maneras equivocadas ante el menor obstáculo o circunstancia
adversa. Por lo tanto, nuestros pensamientos deben ser positivos y debemos
mantener siempre una actitud optimista y llena de fe.
Pienso que el principio 90/10 descubierto por Stephen Covey
es bueno considerarlo y tenerlo en cuenta. Ese principio sostiene que el 10% de
la vida está relacionado con lo que te pasa y el restante 90% está determinado
por lo forma en que reaccionas a eso que pasa. “No podemos evitar que el
automóvil se descomponga, que el avión se retrase, que nos sorprenda la lluvia,
que un automovilista pueda obstaculizarnos en el tráfico.
Lo cual tirará por la borda todo nuestro plan”[6].
En fin, no tenemos control del 10%, pero el otro 90% es diferente: solamente tú
lo determinas con tu reacción.
Millones
de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos,
problemas y dolores de cabeza, la mayoría de las veces imaginarios. Sin
embargo, todos podemos entender y debemos aplicar el principio 90/10. Puede cambiar totalmente nuestra vida. Lo
único que hace falta es voluntad para darnos el permiso de vivir esta experiencia
amena, llena de vida y enriquecedora.
Hoy te puedes estar “ahogando en un vaso de agua” cuando
tienes una situación adversa relativamente sencilla, pero por tu manera de
pensar o tu estado de alteración emocional te resulta complicado, o incluso
imposible de resolver. Por lo tanto, no seas fatalista en la forma en que ves
las cosas. Míralas del lado positivo, optimista y con nuevos ojos. Te darás
cuenta que no necesitas darte por vencido ante el más pequeño problema. Tu
confianza en Dios, tus capacidades, tu inteligencia y tu pericia te ayudarán a
sortear las dificultades de la vida y a triunfar por encima de los problemas ya
sean estos diminutos o grandes.
[1] http://erasmusv.wordpress.com/2007/11/08/ahogarse-en-un-vaso-de-agua/.
[2] http://hombrerefranero.blogspot.com/2009/02/ahogarse-en-un-vaso-de-agua.html.
[3] http://www.hogarutil.com/salud/bienestar/psico/201301/ahogarte-vaso-agua-18371.html.
[4] Filipenses 3:13, 14.
[5] 1 Timoteo 6:12.
[6] http://www.pensamientos.com.mx/el_principio_9010.htm.
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