viernes, 23 de mayo de 2014

REFRÁN: “Ahogarse en un vaso de agua”. Armando Enrique Marriaga


REFRÁN: “Ahogarse en un vaso de agua”.

Quizá hemos escuchado noticias acerca de personas que se han ahogado en el mar, en un río, en un lago, en una quebrada o en una tina con capacidad para suficiente agua; pero no conocemos informes de personas que hayan perdido la vida ahogadas en un vaso de agua.
Este refrán que aparentemente es sencillo y simple, contiene una connotación de gran valor y un cúmulo de lecciones que nos ayudan a hacerle frente a la vida con confianza, esperanza, seguridad y optimismo.
“Ahogarse en un vaso de agua” es una metáfora que se aplica a aquellas personas que exageran las dimensiones de un problema y que no pueden ver la salida para una posible solución. Por eso, ahogarse en un vaso de agua  “es amilanarse, apurarse, afligirse, abatirse o desalentarse enseguida”[1], sin luchar, sin deseos de afrontar con optimismo las circunstancias adversas que la mayoría de las veces, no son tan grandes y descomunales como parecen.
Este refrán es considerado por muchos “una expresión exagerada, hiperbólica, para reflejar a las personas que son incapaces de solventar problemas, incluso aunque sean sencillos. Se ahogan en un vaso de agua aquellos que se agobian en el día a día, que lanzan expresiones de fastidio por tener que hacer dos cosas a la vez o tomar una decisión, o bien no sacan adelante sus labores habituales”[2].
El mundo está lleno hoy de esas personas que sucumben a la menor adversidad y viven en el valle de la mediocridad por su falta de voluntad, por sus miedos y temores. Quienes miran demasiado el problema y se concentran en él, lo magnifican y en su imaginación lo tornan en invencible tal como una montaña elevada y demasiado empinada para ser escalada. Esta postura incorrecta ante los problemas diminutos de la vida nos impide ver las múltiples alternativas y reflexionar sobre las posibles soluciones.  
Quien desiste de su empeño ante la primera dificultad, quien tira la toalla enseguida, quien se rinde cuando le supera cualquier situación adversa o negativa, manifiesta cobardía y un espíritu de escepticismo y desgano. Sin embargo, el optimista ve mucho más allá del tamaño del problema para concentrarse en su correspondiente solución. Sabe que de alguna manera saldrá airoso y que no hay nada que pueda hacerle desistir de su propósito.
Se ha comprobado que “existen personas que se preocupan por todo porque dan demasiadas vueltas a la cabeza y hacen una montaña de un grano de arena”[3]. Es decir, por cualquier problema por muy pequeño que sea le dan demasiada importancia, se complican la vida con algo que no es para tanto.
Es cierto que si te acostumbras a ver un problema que tienes como demasiado difícil o complicado cuando en realidad no lo es, te estás cerrando a cualquier posibilidad de solución, y pensar que un problema pequeño es muy difícil de resolver en realidad es “ahogarse en un vaso de agua”.
Esta actitud negativa ante los problemas más pequeños puede descalificar a una persona para triunfar en la vida. Porque significa que no eres capaz de afrontar con valentía los retos que te pone la vida delante y te agobias mucho y demasiado pronto, cuando te enfrentas a todo tipo de situaciones.
Alguien decía que “sudas la fiebre antes que te dé”, es decir, te preocupas o amilanas antes de afrontar pequeños retos. Si queremos alcanzar nuestras metas o lograr nuestros ideales no podemos estar lamentándonos por algo que no vale la pena, o sufrir por algo que se sabe que tiene su solución. Necesitamos arrostrar con confianza y seguridad cada reto o desafío que la vida nos presenta.
Sólo los valientes y audaces son capaces de hacer frente a cualquier tormenta de la vida. Son aquellos hombres y mujeres de fe y esperanza los llamados a triunfar en un mundo de imposibilidades y dificultades, sin embargo, estos obstáculos son vistos por ellos como posibilidades y peldaños para lograr sus objetivos.
La historia ha demostrado que los grandes hombres hicieron de sus problemas y dificultades, elementos y recursos positivos para alcanzar sus fines y cristalizar sus sueños. Entendieron que los problemas no son como ha veces los pintan: demasiado enormes, sin solución, mayúsculos y descomunales. Por el contrario, han comprendido que sus capacidades, ambiciones y deseos superan toda clase de impedimentos que pudiera atravesarse en su camino.
Bien se ha dicho con acierto que “cuando se quiere, se puede”. En verdad, ha veces las imposibilidades sólo están en la cabeza de quienes piensan negativamente y no ven por ningún lado la motivación y el estímulo para seguir avanzando hasta lograr el triunfo. Quizá esto fue lo que hizo decir a un comunicador de una emisora regional que “la vida es una lucha y el desaliento en ella una cobardía”. Por lo tanto, no te canses de luchar, pelea un round más y resiste con bizarría y valor. Es posible que tu blanco esté a punto de ser alcanzado.
El apóstol San Pablo nunca desistió de su lucha por alcanzar el objetivo supremo, a saber, la vida eterna. A pesar de sus sufrimientos, pruebas y dificultades expresó: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”[4]. Y al joven Timoteo, este héroe de la fe le aconsejó: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado”[5].
Cuando las ganas de triunfar fenecen, cuando desaparece cualquier motivación para hacer las cosas y cuando la fuerza de voluntad, la ambición y el deseo han sido vencidos, no hay esperanza de salir airoso aun de las más leves e insignificantes dificultades y pruebas.
No obstante, cuando el espíritu está robustecido espiritual y emocionalmente y hay ansias y sed de triunfar, podemos ser como el águila que vuela por encima de la tempestad aunque le cueste ser herido o pierda algunas plumas, pero logra su objetivo: volar por encima de la tempestad.
A muchos les falta valor para afrontar los problemas y dificultades que hay detrás de un sueño o de un ideal. Manifiestan inconstancia y son pusilánimes ante las circunstancias, sobre todo cuando estas no son favorables y desmayan bajo el peso de las cargas livianas y leves de la vida.
Nadie que intente alcanzar un objetivo en la vida pensará que lo puede lograr por obra y gracia. No creerá que el camino hacia la posibilidad de triunfo sea expedito y allanado, o que sea demasiado fácil, sin tanto trabajo y esfuerzo. Antes por el contrario, sentirá que debe entregarse a su ideal en cuerpo y alma luchando con valentía y esfuerzo decidido contra los más fuertes y fieros óbices que pueda encontrar.
Además, es cierto que aquello que menos nos cuesta, menos lo valoramos; pero aquello que hemos obtenido con sacrificios, luchas y dificultades, solemos apreciarlo y darle el valor que merece. Aquello que obtenemos con angustias y pesares, es lo que más disfrutamos y guardamos.
Por último, sería bueno que reflexionemos sobre nuestras emociones y sentimientos, porque si estos no son estables y firmes, siempre los problemas y las dificultades leves nos desestabilizarán y perderemos el control reaccionando de maneras equivocadas ante el menor obstáculo o circunstancia adversa. Por lo tanto, nuestros pensamientos deben ser positivos y debemos mantener siempre una actitud optimista y llena de fe.
Pienso que el principio 90/10 descubierto por Stephen Covey es bueno considerarlo y tenerlo en cuenta. Ese principio sostiene que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa y el restante 90% está determinado por lo forma en que reaccionas a eso que pasa. “No podemos evitar que el automóvil se descomponga, que el avión se retrase, que nos sorprenda la lluvia, que un automovilista pueda obstaculizarnos en el tráfico. Lo cual tirará por la borda todo nuestro plan”[6]. En fin, no tenemos control del 10%, pero el otro 90% es diferente: solamente tú lo determinas con tu reacción.
Millones de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos, problemas y dolores de cabeza, la mayoría de las veces imaginarios. Sin embargo, todos podemos entender y debemos aplicar el principio 90/10. Puede cambiar totalmente nuestra vida. Lo único que hace falta es voluntad para darnos el permiso de vivir esta experiencia amena, llena de vida y enriquecedora.
Hoy te puedes estar “ahogando en un vaso de agua” cuando tienes una situación adversa relativamente sencilla, pero por tu manera de pensar o tu estado de alteración emocional te resulta complicado, o incluso imposible de resolver. Por lo tanto, no seas fatalista en la forma en que ves las cosas. Míralas del lado positivo, optimista y con nuevos ojos. Te darás cuenta que no necesitas darte por vencido ante el más pequeño problema. Tu confianza en Dios, tus capacidades, tu inteligencia y tu pericia te ayudarán a sortear las dificultades de la vida y a triunfar por encima de los problemas ya sean estos diminutos o grandes.




[1] http://erasmusv.wordpress.com/2007/11/08/ahogarse-en-un-vaso-de-agua/.
[2] http://hombrerefranero.blogspot.com/2009/02/ahogarse-en-un-vaso-de-agua.html.
[3] http://www.hogarutil.com/salud/bienestar/psico/201301/ahogarte-vaso-agua-18371.html.
[4] Filipenses 3:13, 14.
[5] 1 Timoteo 6:12.
[6] http://www.pensamientos.com.mx/el_principio_9010.htm.

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