Poder de la mente o coincidencias
fortuitas
Autor: René Magallón
Carmen,
una mujer de 48 años, madre de cuatro hijos y muy dedicada a su trabajo, aunque
la vida no le ha sido del todo fácil, siempre busca seguir adelante.
Una
tarde, sentada en su casa, mirando el atardecer desde su cómoda silla mecedora,
llegó un pensamiento a su cabeza, porque recordó tres situaciones algo
extrañas.
Ella
narró como sigue:
Era
un día lluvioso y de fuertes vientos, pasadas las siete de la mañana, en un
lugar apartado de la civilización donde
solo mi pequeño perro me acompañaba. La lluvia era cada vez más fuerte, y todo
indicaba que sería un día de mucha lluvia. Mientras veía los grandes árboles
moverse por la gran fuerza del viento, queriendo arrancarlos de raíz, logré ver
a un pequeño oso perezoso que difícilmente podía alcanzar las ramas por las que
cruzaba de árbol en árbol. Sentía mucha pena por aquel animalito y en mi mente
dije: si esa rama que está muy frágil, llega a quebrarse, posiblemente se puede
morir ese animalito, porque está muy alto, y como mandato, en ese preciso
momento, la rama donde estaba ese pequeño perezoso se cayó, en ese momento solo
pensé en la mala suerte de aquel animalito y seguí mi día normalmente.
Una
tarde, como a la 3:00, miraba por mi ventana y me llamó mucho la atención una
estructura que soportaba un tendido eléctrico. Mientras observaba, no entendía
cómo podía soportar tanto peso y dije: ¿si
eso se rompe?... y como mandato, en el instante se vino al piso toda la
estructura, dejando toda una cuadra sin luz eléctrica.
Una
mañana iba en el transporte con destino a mi trabajo, y ya estaba totalmente lleno, pero
aquel conductor, cada vez permitía que
subieran más y más personas. Todos los
pasajeros que viajaban juntamente conmigo estaban enojados, debido a la
ambición que tenía aquel transportista. A veinte minutos de nuestro destino, a
mi mente llegó el siguiente sentir: ¿si se daña este bus?... En ese preciso
momento se dañó un neumático, quedando parado en aquel lugar. Las personas
bajaron y no le pagaron al señor el pasaje.
Ahora
dime, amigo ¿me preguntó la señora Carmen?
¿Crees
en los poderes de la mente? ¿O solo fueron circunstancias fortuitas?
Sin
dejarme responder a su pregunta, cerró la puerta y me dejó pensando en aquellas
extrañas situaciones.
¿Qué
piensa usted, amigo lector…?
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