lunes, 12 de mayo de 2014

Trece horas (Narrativa)

Trece horas (Narrativa)

Autor: René Magallón

Nueve de la noche. Entre historias y cantos en aquel cuarto infantil, se escucha de repente  en la habitación de al lado: ¡rompí fuente! aquella muchacha, cuyo corazón latía rápidamente, vivía experiencia que anunciaba la llegada de un nuevo bebe. Entra el esposo y ambos se miran como queriendo saber qué hacer. ¡Tomemos las cosas con calma!, dijo la esposa, mientras su esposo guardaba apresuradamente en unas maletas algunas toallas y enseres personales necesarios para que su esposa usara en el hospital.

Llaman a Eduardo, amigo de la familia, que los llevaría al hospital. Este como el viento, en poco tiempo llega al lugar; todos se dirigen con rapidez  por la carretera. Rápido, al médico debemos llegar

En el hospital, se dirigen a la ventanilla donde estaba aquella mujer de voz cansada, porque sería una larga noche; empiezan a llenar la hoja de admisión y en pocos minutos llaman a la mujer para ser revisada por el doctor de turno. Este, al ver los detalles suministrados por la mujer que pronto daría a luz  a un nuevo ser,  llama al esposo y le anuncia que su esposa debe permanecer en el hospital y que dentro de dos horas su bebé iba a nacer. Su corazón cada vez se aceleraba, porque recordaba las palabras de su suegra: las mujeres embarazadas siempre tienen un pie allá y uno acá.

En esos momentos de angustia, solo podía elevar una oración y dejar que Dios tomara el control. Aquel hombre caminaba de un lado a otro y el reloj no parecía avanzar… gente salía y gente pasaba, pero de su esposa no sabía nada.

Pasadas las dos horas, aquel padre se mantenía a la expectativa de saber algo de su amada esposa y de su bebe… pero nada; nadie decía nada…

Entre el desosiego pasaron las horas, seis de la mañana aun sin saber nada; fue a la ventanilla de aquella mujer que estaba enojada por su trabajo y su falta de vocación. Esta con una mirada grosera, le dijo: su esposa no ha dado a luz todavía.

Dando media vuelta, empezó a desesperarse, porque aquellas palabras atormentaban su cansada mente. Nueve horas habían pasado y él sin saber que sucedía; solo en su corazón decía: ¡oh Dios, ayúdala y que salga sin demora!

Cuando el reloj marcaba la 9:00 de la mañana, una enfermera, en un abrir y cerrar de puerta, en voz alta y clara dijo: ¡los familiares de Esther! De un salto, el quedó en pie y rápidamente, al acercarse le dijeron: “su esposa está bien, el bebé está muy grande; es necesario llevarla a otra sala, porque hay que someterla a una cesárea.  Aquella mujer vestida de blanco desapareció entre aquellas puertas.

Cerró sus ojos y recostado contra la pared oró así: Señor, dale fuerza a mí esposa y que todo salga bien. Rápidamente fue a la siguiente sala, donde el frio del  lugar no parecía calmar los pensamientos de aquel hombre; solía recordar  aquellas palabras de su suegra.

El reloj parecía avanzar rápidamente, mientras él se pasaba las manos por su rostro.  En los altavoces de aquel lugar una voz femenina anunciaba, que el hospital, se quedaría sin agua. Pasada media hora y sin respuestas aun, otra mujer vestida de blanco le dice: “Joven, necesitamos realizar la cesárea rápidamente por el bien de su bebé, pero hay riesgo de una infección, porque el hospital  se ha quedado sin agua.

Once y media de la mañana, otra mujer de blanco en voz tranquila y cansada pregunta: ¿los familiares de Esther? Entre sábanas de colores, envueltas ágilmente, había una hermosa criatura, de ojos lindos en forma de avellanas, entre ligeros manoteos era la dulce y esperada Hannah Sophia, la hija de aquella valiente mujer, que a pesar de las circunstancias desfavorables, puso su confianza en Dios.

El  corazón del padre saltó de entusiasmo al ver a esa hermosa bebe, pero aun sin saber de su esposa…

 Pasaron dos horas más entre abrir y cerrar de puertas… allí estaba Esther, su amada esposa, sus ojos se cruzaron y en su rostro no había más nada que  felicidad, pero ella por la cesárea, no podía hablar; él se acercó, tocó su mano y su rostro, queriendo decirle: estoy orgullosos de ti.

 




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