viernes, 6 de junio de 2014

Comunicación Oral y Escrita (Ejercicios de Estilística: La Anécdota) ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA


ANÉCDOTA


                                      ARMANDO ENRIQUE MARRIAGA MEDINA


Era la noche del día miércoles 10 de marzo de 1997 en la localidad de Centoalegre Bolívar, jurisdicción de El Carmen de Bolívar. La iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos, conté la ilustración de Morris Venden que aparece en su obra Cómo Conocer a Dios en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana. De manera que no tenemos que ir por la vida con la cabeza baja; podemos permanecer derechos y erguidos, por el valor adjudicado a nosotros por Jesucristo”[1].
Una de las visitas que asistía al culto le quedó sonando en la mente la idea del peso gigantesco de la  tierra. Al día siguiente que llegamos a su casa para conversar con él y proponerle los estudios bíblicos, nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[2] en la que la pusieron!”. No pudimos aguantar la risa y disfrutamos un poco de aquella reflexión pueril e inocente de alguien que se había tomado en serio un cálculo científico y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.
AMPLIACIÓN
Era la noche del día miércoles 10 de marzo de 1997, el cielo tachonado de estrellas y la luminosidad de la luna, hacían claro el camino rural desde nuestra casa a la iglesia. Mi familia y yo, vivíamos en la localidad de Centoalegre Bolívar, jurisdicción de El Carmen de Bolívar. Esa noche, como de costumbre, fuimos a culto. La iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio, y mi nombre aparecía en la lista de predicación para esa noche. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos y el valor que tiene un alma para los ojos del Salvador, conté la ilustración del pastor Morris Venden que aparece en su obra Cómo Conocer a Dios en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana. De manera que no tenemos que ir por la vida con la cabeza baja; podemos permanecer derechos y erguidos, por el valor adjudicado a nosotros por Jesucristo”[3].
Esa noche puntualizamos cuánto Dios nos ama y enfatizamos la valía personal atribuida a los hombres y mujeres a la luz del Calvario. El oro y la plata de este mundo se hunden en la insignificancia al compararlos con el gran tesoro del Calvario donde se pagó el más alto precio por el pecador.
Una de las visitas que asistía al culto le quedó sonando en la mente la idea del gigantesco peso de la tierra, un cálculo científico aproximado. Al día siguiente que llegamos a su casa para orar con él y proponerle los estudios bíblicos, nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo exacto de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[4] en la que la pusieron!”. No pudimos aguantar la risa y disfrutamos un poco de aquella reflexión pueril e inocente de alguien que se había tomado en serio un cálculo científico y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.
SÍNTESIS
El 10 de marzo de 1997 en Centoalegre, la iglesia reunida celebraba culto de oración y testimonio. En medio del mensaje que hablaba acerca del amor de Dios por los seres humanos, conté la ilustración de Morris Venden que aparece en uno de sus libros en la que alguien afirmó que “si se pudiera tener una balanza gigante para colocar en uno de sus platillos a la tierra que pesa 6 sixtillones de toneladas (un 6 seguido de 21 ceros), y en el otro a un bebecito, la balanza se inclinaría a favor del niñito. Tal es el valor del alma humana”[5].
A una de las visitas le quedó sonando en la mente la idea de que la tierra tiene un peso tal. Al día siguiente que llegamos a su casa nos hizo reír recordando la ilustración del sermón, pues él pensaba que de alguna manera la tierra había sido pesada, y ese era el cálculo de su peso. Entonces nos dijo: “¡Esa si sería mucha romana[6] en la que la pusieron!”. Todos nos reímos de la inocentada de aquel amigo que se había tomado en serio un cálculo aproximado y a la vez se imaginaba cómo fue que lo obtuvo la ciencia.




[1] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[2] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo.
[3] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[4] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilón o peso constante que se hace correr sobre el brazo mayor, donde se halla trazada la escala de los pesos.
[5] Morris L. Venden, Cómo Conocer a Dios, págs. 11, 12.
[6] La romana es un instrumento que sirve para pesar, compuesta de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo.

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