FÁBULA
LA ZORRA A LA QUE SE LE LLENÓ SU VIENTRE
Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina
unos
pedazos de carne y de pan que unos pastores habían dejado
escondidos en una cavidad. Y entrando en dicha cavidad,
se los comió todos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no
pudo salir.
Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había
caído.
Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus
quejidos se le
acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de
lo
acaecido, le dijo:
̶ ¡Pues quédate
tranquila hermana hasta que vuelvas
a tener la forma en que estabas, entonces de seguro
podrás salir fácilmente sin
problema![1]
Esopo
AMPLIACIÓN
Una
zorra hambrienta de aspecto fornido y joven buscaba en el campo alguna presa
que devorar, cuando de repente se encontró en el tronco de una encina unos pedazos
de carne y de pan frescos, los cuales se veían muy apetitosos y suculentos. Hacía
una hora que unos pastores que andaban por aquel lugar habían dejado escondidos
estos alimentos en una cavidad mientras realizaban sus labores en los rebaños.
“¡Es
un verdadero milagro!” ̶ exclamó la zorra al ver la comida
cuidadosamente guardada en el lugar, “he encontrado comida fácil, suculenta y
abundante”. Luego, entró en aquella cavidad y se dio un exquisito banquete, se comió todos los pedazos de carne
y pan sin dejar absolutamente nada.
Pero
tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir. Fue prisionera
de su vientre y esclava de su intemperancia, pues como se dice popularmente,
“se le llenó primero el ojo” y no midió las consecuencias de consumir tanto
alimento en un instante. Aquella hartura de pan y carne le trajeron un terrible
problema. Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído. Jamás
pensó que la ambición de llenar su vientre la llevaría a afrontar esta difícil
situación. Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le
acercó y le preguntó qué le ocurría. Cuando se enteró de lo acaecido, le dijo:
̶ ¡Pues quédate tranquila hermana hasta que
vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir
fácilmente sin problema!
SÍNTESIS
Una
zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos pedazos de carne y de
pan que unos pastores habían dejado escondidos. Se comió todos los pedazos.
Pero
tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir. Empezó a gemir
y a lamentarse. Por casualidad pasó por allí otra zorra, y le preguntó qué le ocurría.
Cuando
se enteró de lo acaecido, le dijo:
̶ ¡Pues quédate tranquila hermana hasta que
vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir!
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